“nadie puede ser profesor si no piensa, si no analiza, si no investiga, si en definitiva, no ama y se apasiona por la educación y la pedagogía”.

“Nadie puede ser profesor si no piensa, si no analiza, si no investiga, si en definitiva, no ama y se apasiona por la educación y la pedagogía”.

 

El Presidente del Colegio de profesores de la provincia de Los Andes y docente en ejercicio Francisco Rodríguez Arancibia, conversó con ALDIA y nos  comparte su mirada sobre la educación; visión crítica, formativa y llena de desafíos.   Por periodista Patricio Rodríguez

Cuando la profesión docente, muchas veces es mal calificada. ¿Cuál es su mirada sobre esto y las ideas para profesionalizar cada vez más al profesor?

La educación es un tema tan transversal a toda la sociedad, con una incidencia tal en la comunidad y con una participación en que todos estamos o hemos estado vinculados a ella, hacen que muchos se sientan con el derecho a opinar –y a veces a pontificar- sobre ella, con distintos tipos de conocimiento y también con distintas intencionalidades.

Cuando se dice que la profesión docente es mal calificada, podría entenderse que es escasamente valorada socialmente, como los profesores lo entendemos. Pero también el docente es visto como culpable de una supuesta mala calidad de la educación. Ambos conceptos me parecen discutibles y entrego por ahora los siguientes argumentos: el concepto de calidad se refiere más bien a productos, pues proviene incluso del ámbito de la fabricación de elementos en cadena. Nada más alejado de la educación. Otros señalan que calidad también se refiere a “servicios”, pero aun así, la educación es más que eso: no es un servicio más, es el proceso mediante el cual una sociedad forma a sus mujeres y hombres. Yo prefiero hablar de educación de excelencia para referirme a un proceso completo que atiende mucho más que a resultados de determinadas pruebas, como son el SIMCE (“Sistema de medición de la calidad educativa”)y, en ese sentido, hablo de profesionalidad docente cuando al profesor se lo considere un profesional, esto es, un especialista, capaz de resolver problemas, autónomo y respetado. Creo que estamos lejos de ello, por eso es que me parece un deber desde los mismos profesores, organizarnos y hacer valer nuestras perspectivas frente a decisiones que afectan a todos y que, muchas veces, son tomadas por personas que no tienen la formación adecuada para ello.

Históricamente la vocación docente es admirada, pero no valorada. ¿Por qué pasa esto? ¿Cuál es la responsabilidad de los propios profesores? ¿Cuál es la responsabilidad de la autoridad?

Chile, durante gran parte de su historia republicana, fue considerado un Estado docente. Desde la época de la dictadura, se impuso un concepto distinto plasmado incluso en la Constitución: el Estado pasó de ser responsable a subsidiario de la educación, esto es, dejó en manos de “las familias” –sin atender a sus diferentes características- la responsabilidad de educar a sus hijos. Esto significó una segregación social considerada entre las más brutales del mundo. Hoy, solo en Chile se pregunta a alguien “¿dónde estudiaste?”, porque el colegio en donde fue educada una persona determina redes o no de contactos sociales y los resultados obtenidos en él responden, en gran porcentaje, al llamado “capital cultural” de la familia más que a los aprendizajes escolares. Esto, dicho por académicos especialistas de todas las tendencias ideológicas, constata que la educación en nuestro país es una herramienta para hacer y tener más que para ser y está fuertemente condicionada por su entorno.

Cuando se habla de la “vocación” del profesor se alude a una condición que debería ser característica de todas las especialidades: hay quien tiene vocación de médico, de astrónomo, de ingeniero, de periodista, de profesor... pero la mayoría de las veces se alude a la vocación en contextos económicos y exclusivamente para referirse a los docentes. Así, algunos señalan que los profesores, pese a sus bajas remuneraciones, deben trabajar por vocación… sin personalizar y considerando que las comparaciones son odiosas… ¿quién alude a la vocación de servicio público de un parlamentario para rebajarle su dieta o quién antepone la vocación social de un médico o un ingeniero para cuestionar sus remuneraciones? Sin ahondar en que, cuando se cae un puente o un edificio, nadie cuestiona la vocación de sus creadores… Responsabilidad en que esto sea visto así es de muchos, pero no exclusivamente de los profesores. Cuando un docente pide respeto a sus estudiantes, ¿cuántos padres lo respaldan? ¿O más bien cuestionan? Esto ha cambiado desde que se instaló en educación la misma idea de las empresas: el apoderado y el estudiante son considerados en varios ambientes, “clientes”… y el criterio mercantil es que “este siempre tiene la razón”. Sinceramente, pienso que mientras no se cambie el modelo, el paradigma educativo, difícilmente se cambiará esta visión de las personas como funcionarios y cosas. Y la responsabilidad de las autoridades de turno por supuesto que es profunda: mientras no se escuche a quienes ejercemos la docencia y se apliquen criterios ajenos a lo educativo, poco se podrá cambiar.

 Qué opina sobre: educación municipalizada, gratuidad, pruebas externas, etc.

Mi opinión es más bien crítica: considero que la educación pública debería ser efectivamente una prioridad nacional con responsabilidad directa del Estado. Se habla de baja de matrícula de la educación pública, pero no se dice que esto ocurrió cuando el estado se desentendió de ella y comenzó a entregar fondos públicos a privados para que funcionaran como “sostenedores”, una figura ajena a la realidad educativa. Algunos de estos sostenedores ni siquiera tenían una especialidad profesional, menos pedagógica. Y si se considera que ofrecen educación pública, ¿por qué sus establecimientos ostentan el título de “particulares”, a veces omitiendo la palabra “subvencionados”?

En cuanto a la gratuidad, firmemente creo que es un derecho humano. Y como tal, los derechos no son para algunos… hoy se habla de una gratuidad muy parcial, circunscrita a unos pocos, y yo me he encontrado con familias que reclaman que sus hijos no accedieron a ella a pesar de los esfuerzos de las autoridades, quienes se arrogan su paternidad, olvidando que ésta fue una idea muy sentida nacida desde las mismas escuelas y liceos, de los estudiantes desde el 2006 en adelante, y muchas veces desprestigiada e incluso criminalizada. Pero la ciudadanía ha aprendido que, cada vez que un derecho se ha ganado o implementado, ha habido presencia social que muchas veces ha desafiado los modelos y criterios oficiales.

En cuanto a las pruebas externas, a mi entender solo reflejan un aspecto –muchas veces mecánico- del proceso educativo, que de mecánico no tiene nada. Si sus resultados fueran reales, tanto para los estudiantes como para los profesores, quienes obtienen altos puntajes, ¿son a quienes mejor les va en la vida? Rotundamente no, pruebas como el Simce y la PSU –esta es solo un filtro, cada vez menos importante, para ingresar a la universidad-, pero que no tiene ninguna incidencia en los estudios superiores ni tampoco funciona como una evaluación final de la enseñanza media, ya que se aplica a los egresados de esta. Solo datos cuantitativos, que a veces son ocupados para campañas de marketing, pero que no mejoran la educación. Como dije antes, esto también es válido para la evaluación docente: si fuera real, quienes obtienen altos resultados en ella, significaría que sus estudiantes son mejores y ello claramente no es así. Al respecto, nosotros proponemos –sin ninguna respuesta efectiva de las autoridades hasta el momento- suspender la evaluación docente y cambiar los fondos que se destinan a ella por perfeccionamiento. En Chile hay más de cien programas distintos de formación de profesores, entonces una capacitación con foco en la docencia con toda seguridad incidiría en la excelencia educativa.

El Colegio de Profesores mediáticamente no está bien evaluado por la ciudadanía. ¿Qué harán para mejorar esta visión? ¿Cómo cambiar un paradigma negativo que está latente?

No quiero eludir su pregunta, pero especifico que no soy vocero ni representante del Colegio de Profesores a nivel nacional, sino que fui elegido por mis pares de la provincia de Los Andes para representarlos. En ese sentido, quisiera señalar que los profesores, en general –lo dicen las encuestas y estadísticas que tanto gustan a algunos- es uno de los grupos sociales mejor evaluados y en quienes la ciudadanía más confía. Si el Colegio de Profesores, como asociación gremial, tiene una evaluación negativa de parte de esa ciudadanía, se debe  más a ciertas personas y grupos concretos que al colectivo… y en las elecciones de noviembre pasado eso quedó reflejado en que hubo un fuerte cambio del eje de la conducción. Hoy, el Colegio de Profesores a nivel nacional, haciendo caso a sus bases, rechaza con fuerza la carrera docente implementada, la llamada desmunicipalización y, a nivel de organizaciones sociales, ha congelado oficialmente su militancia en la CUT mientras no se den en ella condiciones de democracia y transparencia exigibles para todos los estamentos de la sociedad. Pero eso no significa en modo alguno el alejamiento o abandono de sus demandas, sino al contrario, el gremio se hace parte oficial de iniciativas ciudadanas como la igualdad de género (Campaña “Ni una menos” y otras), el problema entre el Estado y el pueblo mapuche, el rechazo al sistema previsional actual, a la Constitución y, en política educativa, abogamos por un cambio a la carrera docente, la desmunicipalización con dependencia directa del Estado eliminando la figura del “sostenedor” y la campaña “Alto al Simce”, entre otras.

En cuanto a mejorar, siempre es factible y necesario hacerlo, y la ciudadanía se dará cuenta de ello, como dice el aforismo bíblico, “por sus obras”.

¿Qué acciones realizan como gremio frente a temáticas como: calidad formativa en universidades e institutos, evaluación docente, perfeccionamiento continuo, mejoramiento laboral para los profesores?

A varios puntos de esta pregunta me he referido. Enfatizo aquí que nuestro país tiene actualmente más de cien programas distintos para sus pedagogías. Y eso no es responsabilidad de los profesores, sino de quienes lo han permitido o propiciado… ese es un enorme desafío que creo la mejor manera de enfrentar es con perfeccionamiento, menos control y más pedagogía… como Gremio, los profesores debemos hacer escuchar nuestra voz y reflexión, por eso agradezco esta oportunidad en nuestro contexto local. Por varios años, en nuestra propia zona se dictaron carreras de educación sin acreditación, esto no es un misterio ni un menoscabo para nadie que haya formado en estas instituciones, pero nadie dijo nada…

A menudo se compara la educación chilena con la finlandesa, por ejemplo, para señalar que estamos muy lejos de sus estándares… se dice que los docentes en ese país tienen todos postgrados, pero no se dice que lo obtienen gratuitamente por responsabilidad del Estado y dentro de su propia jornada laboral… aquí, los profesores debemos preparar clases, evaluar y tantas otras tareas, en tiempos y espacios personales y familiares y no pagados… se dice que allá los alumnos aprenden eficazmente, pero no se dice que los cursos son de menos de 20 estudiantes y con la presencia de dos o más profesores por sala… yo siempre digo que no sobran profesores ni estudiantes y que, a mayor nivel de vulnerabilidad, menos estudiantes debería haber por curso… se dice que en Finlandia los estudiantes obtienen altos resultados y luego son profesionales calificados en su adultez, pero no se dice que nadie va al colegio antes de los siete años y que las familias leen con ellos y los forman… aquí, a las escuelas se las considera verdaderas guarderías, para que los padres (o abuelos, muchos apoderados lo son), trabajen lo más que puedan… a veces las principales quejas cuando se producen paros nacionales no es en contra de lo que los estudiantes supuestamente dejan de aprender, sino porque los padres no tienen quién les cuide a los hijos… Otra dimensión no suficientemente evaluada es la Jornada Escolar Completa –otro modelo mal copiado de otras realidades, que pretendía que el estudiante tuviera en su establecimiento el tiempo necesario para formarse cognitiva, artística, deportiva y socialmente… pues bien, en Chile se aumentó el horario, pero para hacer más de lo mismo… y sin decir que Chile tiene más de 300 horas más de clases anuales que el promedio de la OCDE, conjunto de países desarrollados con los que nos comparan, menos en estos aspectos…

Insisto, en Los Andes hemos pedido oficialmente en innumerables oportunidades, y con el apoyo del Centro de Estudios Para Asuntos Docentes (CEPAD) que integro, que se enfoque de otra manera la evaluación, cambiándola por perfeccionamiento, con las condiciones de dignidad que como profesionales nos merecemos.

En cuanto al nivel de remuneraciones docentes, sigue siendo el más bajo de los profesionales del país. Y pocos reparan en que se nos paga por hora/mes, es decir, si tenemos una jornada de 40 horas, significa que trabajamos 160 horas mensuales (mucho más si consideramos lo que hacemos en nuestras casas), pero se nos paga malamente una semana… y si esto lo dividimos por cada estudiante atendido, el valor monetario es francamente irrisorio.

¿Qué siente cuando se caricaturiza a los profesores como personajes livianos intelectualmente, de poco peso formativo y con una formación mediocre?

Si alguna persona tiene esa opinión, tengo la seguridad de que está mal informado. Así como hay casos específicos de trabajadores y profesionales que no cumplen con los perfiles de sus especialidades, es posible que haya algunas personas que hayan obtenido su título sin grandes merecimientos, pero le aseguro que ellos se retiran o son despedidos a poco andar. Nadie puede ser profesor si no piensa, si no analiza, si no investiga, si en definitiva, no ama y se apasiona por la educación y la pedagogía. Y también le aseguro que estamos en constante perfeccionamiento, pese a las enormes desigualdades y restricciones que tenemos para ejercer nuestra labor.

¿Cómo vislumbra el futuro de la educación en el país y la incidencia que pudiera tener en ese futuro el Colegio de Profesores?

El futuro, llámelo por optimismo o incluso por porfía, lo considero un desafío que vale la pena abordar. Sigo soñando y luchando por una educación, más allá de toda consigna, pública, equitativa, integral, gratuita, laica y de excelencia. Los “pingüinos” del 2006, los “espartanos” del 2011 y todos los profesores que los hemos acompañado estamos mostrando que es posible una educación formadora de personas, hombres y mujeres ciudadanos, reflexivos, creativos y profundamente humanos en el país y en nuestra zona, con énfasis en el respeto a las distintas culturas, con una identidad propia (sigo diciendo que somos pueblos de montaña, pero que no nos damos o no queremos darnos cuenta de ello) que sea académicamente sólida, respetuosa con su historia, su patrimonio y su medio ambiente… considero inverosímil que si tenemos en un año casi 340 días de sol, no seamos zona potencia en energía solar y sigamos vendiendo rocas sin transformarlas en productos y sigamos contaminando nuestros Valles del Aconcagua… y en materia cultural y patrimonial, que no seamos capaces de rescatar efectivamente el legado del ferrocarril Trasandino y el de Gabriela Mistral, cuya casa en que vivió buena parte de sus años en Los Andes, esté en venta y ningún organismo público haya sido capaz de adquirirla para ponerla al servicio de la cultura de nuestros ciudadanos. Eso no habla muy bien de nosotros, no solo de los profesores.

 

interpuso una demanda por haber sido trasladado de establecimiento y entendemos que la resolución judicial le fue favorable. ¿Podría contarnos en qué consistió?

Por supuesto, el año 2016 me vi en la obligación de recurrir a Tribunales para que la justicia se pronunciara sobre lo que a todas luces era un traslado ilegal del que fui víctima. En efecto, siendo profesor de aula y titular por concurso público en el Liceo Maximiliano Salas Marchán de Los Andes, además de dirigente gremial en ejercicio, en marzo de 2015 fui trasladado sin expresión de causa a labores administrativas en el Departamento de Educación de Los Andes. A pesar de que manifesté formalmente que no correspondía el traslado y tras haber pedido más de una decena de veces los fundamentos legales del traslado y un documento oficial que respaldara tal acción, no obtuve nunca una respuesta de la Municipalidad de Los Andes. Esta situación puso en tela de juicio mi honra, mi salud se deterioró y varios profesores se sintieron intimidados, por lo que me vi en la obligación de recurrir a la Justicia, interponiendo una Tutela Laboral, patrocinada por la abogada Gabriela Fernández. Vistos los antecedentes y oídos los testigos y peritos por el Tribunal, este determinó que la medida había sido ilegal y ordenó mi inmediato reintegro al Liceo Max Salas en agosto del año pasado y el pago de una indemnización pecuniaria por daño moral. La administración municipal, en medidas francamente dilatorias, recurrió a la Corte de Apelaciones de Valparaíso y, tras la ratificación de la sentencia, solicitó la unificación de jurisprudencia a la Corte Suprema, la que denegó ese trámite y ratificó en todos sus términos la sentencia inicial. Es así como recién al inicio del año laboral 2017 he sido reintegrado al Liceo de mi titularidad.

Hago mención de esto porque la sentencia establece jurisprudencia para todos los profesores y funcionarios públicos en este tema, ya que el fallo reconoce vulneración de derechos fundamentales y concede la tutela laboral sin pérdida del vínculo contractual, es decir, sin haber sido despedido. También creo que deja establecido que uno no puede dejarse amilanar por conductas que sobrepasan las facultades que la ley establece, esto ha sido reconocido por el profesorado de la provincia y por la ciudadanía, que ha seguido el caso por la prensa y ha manifestado en todo momento su apoyo a mi labor, ya que nunca fui objeto de evaluación negativa ni investigación sumaria que ameritara las medidas que se tomaron conmigo.

Lo paradojal es que esto ha sido circular, ya que debí recurrir a tribunales para hacer respetar mis derechos y el punto en que me encuentro hoy: reintegrado al aula en el Liceo Max Salas, es el mismo punto del que fui sacado, sobrepasando las normas vigentes, por autoridades y personas que deben velar por el cumplimiento de las normas y el bien común. Después de este período aciago que afectó mi salud y a mi familia, vuelvo fortalecido, pues se ha hecho justicia –independientemente de que se puedan establecerse ahora responsabilidades personales de quienes propiciaron, efectuaron y fueron cómplices de este traslado irregular-, y esto estoy seguro que también sirve para que se valore y dignifique el rol del profesor.

Por último, permítanme saludar a todos los docentes, estudiantes y apoderados en el comienzo de este nuevo año escolar. A ellos les digo que los profesores somos parte integrante y esencial de la sociedad y que seguiremos dando lo mejor de cada uno para contribuir a su formación.

 

 

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