Equidad en salud y los determinantes que la promueven.

En el contexto internacional, Chile es el país con mayor esperanza de vida en Latinoamérica (80-87 años). Se iguala a países como Canadá, Australia y varios países europeos.  Un 15% del gasto total del Estado se destina a prestaciones y servicios de salud, otorgándose un 5% del PIB para estos fines, gastando entre US$1.000 a US$5.000 per cápita por año. Si bien destina menos recursos que algunos países desarrollados (8% del PIB en la mayoría de los casos), gasta prácticamente lo mismo que estos últimos. El nivel de inversión en esta área le permite por tanto obtener buenos resultados sanitarios, y por ende tener la esperanza de vida de un país desarrollado.

                Entre sus políticas públicas más estrictas en salud se encuentra la del tabaco; 75% o más del valor de una cajetilla de cigarros es sólo impuesto, siendo uno de los impuestos más altos del mundo a este producto. Además tiene una de las legislaciones más estrictas del mundo para  lugares libres de humo, como así también sus índices muestran que 6 muertes por cada 100.000 habitantes son atribuibles a contaminación del aire, estando entre las más bajas del mundo.

                Analizando la esperanza de vida en los diversos países, se puede observar  que entre más rico es un país, mayor esperanza de vida tienen sus habitantes, aumentando considerablemente sobre los 75 años en aquellos que tienen un ingreso per cápita por sobre los US$20.000 al año. Chile actualmente tiene un ingreso per cápita de US$23.564, lo que coincide directamente con la esperanza de vida en años de la cual gozan sus ciudadanos. Por ejemplo, en algunos países africanos de ingresos bajos (menor a US$1.000 per cápita al año) la esperanza de vida alcanza los 40 años. Junto con ello, Chile redujo sus niveles de pobreza de un 45% en los años 70, a un 9.8% en la actualidad, producto de un sostenido crecimiento económico y aumento de la riqueza en los últimos 40 años que permitió mejorar sustancialmente la calidad de vida de las personas y los servicios estatales y privados a los cuales tenían acceso. Es por ello, que nacer en nuestro país o en otro no da lo mismo, pues hay una serie de determinantes sociales que definen la salud de la población, más allá de los servicios de salud a los cuales tienen acceso. Es por ello que la salud no es sólo un asunto de atenciones médicas o multiprofesionales. Las circunstancias sociales y políticas afectan la vida, el bienestar y por ende la salud de las personas.

                Los determinantes sociales de la salud por lo tanto son importantes a la hora de evaluar la salud de la población. Entre los determinantes sociales más importantes o estructurales tenemos la actividad laboral, que se ve afectada por el porcentaje de desempleo, el nivel de educación, que se ve afectado por el nivel de escolaridad y calidad de la misma, y el nivel de ingresos, que se ve afectado por el monto de los salarios. Contamos también con determinantes intermedios como las circunstancias materiales, el ambiente social, los factores biológicos, y por supuesto también, los servicios de salud a los cuales la población tiene acceso.    

                Es por ello que la equidad en salud se debe lograr teniendo en cuenta todos estos factores y determinantes con el fin de disminuir las diferencias evitables en salud entre personas que tienen diferentes niveles y condiciones de ventaja o privilegios subyacentes, y para ello se debe fomentar la formación de un Capital Social en base a la participación social, para que se logre causar un impacto positivo no sólo en la salud de las personas, sino también en la cultura cívica, la democracia, el entorno ambiental y el desarrollo humano. El Estado tiene el deber de generar entonces políticas públicas en ese sentido; fomentar el crecimiento económico, asegurar la calidad de la educación, disminuir las cifras de desempleo, mejorar los salarios, y con ello mejorar las circunstancias materiales y el ambiente social de todos sus habitantes, principalmente de quienes más lo necesitan, porque como podemos darnos cuenta, no hacerlo repercutirá tarde o temprano en la salud de toda su población.

Dr. Oscar Cruz B.                                                                                          

Cirujano Dentista Universidad Andrés Bello

Magíster en Odontoestomatolgía Universidad Andrés Bello

Diplomado en Gestión de Establecimientos de Salud Pontificia Universidad Católica de Chile

Diplomado en Liderazgo y Gestión de Equipos de Salud Universidad de Chile

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