¿Por qué leer?

 

 

Este post me tomó un par de meses terminarlo. Si bien tenía una idea de

cómo abordarlo le faltaba contundencia: para que tuviera el efecto que

deseaba debía ser una especie de manifiesto y un llamado a las conciencias.

La idea cuajó a raíz de los resultados de la última elección presidencial y

mi lectura de la Historia Chilena del Libro de Bernardo Subercaseaux (Lom

Ediciones).

 

Es sabido que leer tiene múltiples beneficios: estimula la creatividad,

enriquece el mapa referencial personal y refuerza los procesos cognitivos.

Según un estudio del Rush University Medical Center de Chicago, la lectura

permite afinar la memoria, agilizar la mente, y retardar el decaimiento

propio del envejecimiento. En 2009, una investigación realizada por el

Mindlab International, de la Universidad de Sussex, demostró que la lectura

es una de las actividades más relajantes que tenemos a nuestra disposición

–por encima de escuchar música, tomar una taza de té, o incluso caminar.

Leer antes de dormir ayuda reducir el ritmo del día, relaja y prepara para

un sueño reparador. Esto en cuanto a los beneficios terapéuticos. Pero la

lectura es mucho más que eso.

 

La lectura y los libros dan la posibilidad de elegir y tomar decisiones en

tiempos en que tanto el entretenimiento como las noticias vienen

pre-digeridas y pre-dirigidas. Somos considerados consumidores pasivos de

información y de formación. Los tiempos de 1984 de Orwell y de The Truman

Show de alguna forma ya están aquí. Existe una manipulación mediática

tendiente a adormecer las conciencias e individualidades, donde a lo

distinto se le asigna una connotación negativa y hasta peligrosa. Debe

predominar lo estandarizado y lo chato. Los libros, los peligrosos libros,

dan la posibilidad de iluminar allí donde había oscuridad.  Lo proclamaba

Camilo Henríquez en la publicación fundacional de la Aurora de Chile  en

1812: “Está ya en nuestro poder, el grande, el precioso instrumento de la

ilustración universal: la Imprenta. Los sanos principios, el conocimiento

de nuestros eternos derechos, las verdades sólidas, y útiles van a

difundirse entre todas las clases del Estado. Todos sus Pueblos van a

consolarse con la frecuente noticia de las providencias paternales, y de

las miras liberales, y patrióticas de un Gobierno benéfico, próvido,

infatigable, y regenerador. La pureza, y justicia de sus intenciones, la

invariable firmeza de su generosa resolución llegará, sin desfigurarse por

la calumnia hasta las extremidades de la tierra. Empezará a desaparecer,

nuestra nulidad política; se irá sintiendo nuestra existencia civil: se

admirarán los esfuerzos de una administración, sagaz, y activa, y las

maravillas de nuestra regeneración. La voz de la razón, y de la verdad se

oirán entre nosotros después del triste e insufrible silencio de tres

siglos.

 

Venid pues, oh, sabios de Chile, venid, ayudad, sostened con vuestras

luces, meditaciones, libros, y papeles, nuestros débiles esfuerzos, y

trabajos. La Patria os invoca. Toda la América espera algo bueno de

nosotros. Procuremos honrar la Patria, que nos ha sostenido. Dejemos a la

posteridad algún vestigio de nuestra existencia. Todo se reúne para excitar

vuestro celo patriótico. La sublime idea de la libertad civil, los

esfuerzos de una administración bien hechora, la sabiduría de sus miras, la

presencia de la Imprenta de esta fiel conservadora del pensamiento, cuántas

circunstancias nos rodean deben excitarnos al trabajo, encender la

imaginación, y dar un nuevo tono a nuestra literatura”.

 

 

Los libros son  la materia prima para el desarrollo del pensamiento

individual. Ser capaces de formarnos nuestros  propios juicios, de pensar

en forma crítica, de hacer nuestras propias asociaciones y sacar nuestras

propias conclusiones, de cuestionar la realidad aparente y el orden de las

cosas, comprender cómo funciona realmente el mundo, en definitiva, ser

conscientes de nuestra participación y contribución en la Historia, es

quizás la máxima expresión de la libertad de una persona. Hoy más que nunca

debemos acoger el ferviente llamado de Camilo Henríquez.

 

Buena semana!

 

Luis Cancino. Director y Librero en Librística (Los Andes).

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