Región de Aconcagua, el camino hacia una descentralización efectiva

Actualmente, la Región de Valparaíso está compuesta por las provincias de Isla de Pascua, Los Andes, Petorca, Quillota, San Antonio, San Felipe, Marga Marga y Valparaíso. La larga extensión del territorio ha generado que los sectores más alejados de la capital regional se vean precarizados, tanto en la cantidad de recursos económicos destinados para cada provincia, como en la ausencia local de los servicios públicos.

Frente a lo anterior, el diagnóstico es común para gran parte de las autoridades y de las y los vecinos de las localidades del sector cordillera, las comunas que lo componen se han convertido en el patio trasero del desarrollo económico de la región; en beneficio de las del sector costero. Como respuesta a esto, y también como una propuesta consensuada, se ha levantado la idea de generar una nueva región que aúne a las provincias de Los Andes, Quillota, Petorca y San Felipe: La Región de Aconcagua.

Estoy profundamente de acuerdo con esta medida como medio para avanzar hacia una descentralización efectiva, no obstante, creo que la manera en la que se desarrolle el proceso es primordial, pues de ello dependerá el resultado y el enfoque que tenga su creación. La nueva Región debe estar orientada a mejorar la calidad de vida de todas y todos, velando por el cuidado del entorno y por el desarrollo económico y humano de las localidades. No se puede concebir este proceso, meramente, como una nueva instancia de burocracia, sino que como un motor de crecimiento (sustentable y de cara al pueblo). Del mismo modo, no se puede llevar adelante esto desde una lógica neoliberal, en la que se entienda la nueva institucionalidad, solamente, como una recaudadora de recursos, y, sobre todo, que no se entienda el proceso como una confrontación con las localidades costeras de la quinta; el eje debe ser que el crecimiento y bienestar sea equitativo para cada espacio.

Este es sólo el primer paso, la finalidad es y debe ser conseguir una descentralización efectiva, que se traduzca en que las y los habitantes del sector cordillerano de la actual quinta región tengan acceso inmediato a los servicios públicos; que se traduzca en que los recursos generados y trabajados en la zona (en los que se asumen grandes costos ambientales) sean tributados aquí para que, con esto, se puedan asegurar y reivindicar los derechos y con un alto índice de calidad, los que por tanto tiempo se le ha negado a la clase trabajadora. Del mismo modo, la nueva región debe atender las necesidades de su pueblo, que, por supuesto, no son las mismas que las localidades del sector costero (por variantes geográficas). Todo lo anterior debe traer consigo, además, el fortalecimiento de la identidad y de la cultura local, la que se ha ido cosechando luego de años y años de historia.

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