“Votar o no votar” no da lo mismo.

Estamos en un nuevo período electoral, en tan sólo un par de meses más tendremos que escoger un nuevo presidente/a, y a las y los diputados y senadores que serán los encargados de legislar de cara a este nuevo ciclo de 4 años. Como para cada proceso, vemos muchas caras ya conocidas queriendo conseguir la reelección y también a rostros nuevos que pretenden obtener un escaño en el congreso. Si analizamos los resultados de cada votación, nos encontramos con que cada vez la abstención es más amplia, dejando la responsabilidad de decidir por todo el país a cada vez menos ciudadanos y ciudadanas.

La pregunta que debemos plantearnos es ¿por qué el pueblo está dejando de votar? Y sin mucho indagar, podríamos tener algunas luces de por qué la gente está optando por marginarse de los procesos eleccionarios. “Salga quien salga, mañana tengo que trabajar igual”, “los políticos son todos igual de ladrones”, “no me meto en política, porque la política es muy sucia” son tan sólo algunos de los comentarios que  probablemente hemos escuchado al poner el tema sobre la mesa, y  en muchos casos ese descontento tiene sustento en lamentables hechos puntuales, sin embargo, el marginarse beneficia precisamente a quienes han empañado el ejercicio político.

Creo que es necesario re-definidir el concepto y el rol de la política. Hoy se le asigna automáticamente connotación negativa, se presenta como algo lejano y perteneciente a una élite, y, si bien la elitización de los espacios de poder es algo real, está en nuestras manos revertirlo. Política es la ciencia de agruparnos para conseguir una mejora o transformación para nuestra comunidad, esta no se limita a espacios institucionales. Cuando nos constituimos como junta de vecinos estamos haciendo política, cuando nos establecemos como Club deportivo, estamos haciendo política, cuando votamos, o incluso cuando no votamos, estamos siendo profundamente políticos.

Sacar a quienes han usado la política como una herramienta personal, a quienes han robado a costa de ella, está al alcance de nuestras manos. ¿La política es algo sucio? Para nada, es una instancia de transformación y la que, sin duda, ha traído beneficios importantes para nuestra calidad de vida, un ejemplo muy claro es la Gratuidad en la Educación Superior, la que beneficia a más de 250 mil familias, y la que se consiguió con la presión social de todo un movimiento sumado a la voluntad política del Ejecutivo junto a diputados y diputadas. ¿Existen exponentes que han hecho mal uso de la política? Absolutamente, y marginarlos de los espacios institucionales es nuestro deber.

Si seguimos restándonos de votar por decir que “todos los políticos son iguales” permitiremos que candidatos que han sido imputados y que tienen a la mitad de su exgabinete formalizado, lleguen al poder y vuelvan a ser presidentes. “Salga quien salga, tengo que trabajar igual”, por supuesto, pero las condiciones laborales en la que este trabajo se desempeñe variarán según cada administración. El voto de las fuerzas conservadoras es duro, la abstención sólo perpetúa la permanencia de representantes públicos que declaran que “hay violaciones normales”, “el violador es padre” y “la educación es un bien de consumo” entre otros.

Es necesario que apoyemos liderazgos que provengan del tejido social, que sus propuestas sean las que como pueblo tenemos y, que sobre todo, permitan profundizar y continuar con las transformaciones sociales que han significado un progreso para el país. Avanzar en la Gratuidad universitaria, cambiar el sistema de pensiones, cambiar la Constitución hecha en dictadura y avanzar hacia una descentralización efectiva donde, por ejemplo, consigamos la tan anhelada Región de Aconcagua.

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