Y se anda en bicicleta

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Debe tratarse de la transformación urbana más potente ocurrida sobre el damero fundacional de la ciudad en los último cuarenta años a lo menos. La anterior si mal no recuerdo fue,  con el objeto de regular el creciente uso del automóvil, la instalación de semáforos, sin olvidar en el intertanto la expulsión fuera de ella de las dos o tres victorias que servían de transportes a los romántico de siempre. Esa es la relevancia que tiene la construcción en las principales calles y alamedas de San Felipe de una moderna y costosa ciclovía.

En poco tiempo cerca del treinta porciento de la superficie de las calles comprendidas dentro del trazado de la obra quedarán exclusivamente para la circulación de bicicletas, superficie que perderán los automovilistas quienes además tendrán la prohibición de estacionarse como hasta ahora lo venían haciendo.

La idea no es nuestra, algunos de los urbanistas del gobierno anterior estimaron que debía invertirse en el país grandes sumas de dinero en la construcción de vías para ciclistas con el objeto, supongo, de desincentivas el uso del automóvil, mejorar la salud de la población, no contaminar y otros loables fines. La idea al parecer era contribuir a un desarrollo a escala humana.

Para materializarla faltaba un alcalde que creyera en la idea y el nuestro creyó.

Así la ciudad se vio alterada por los trabajos necesarios y las consecuencias pronto se hicieron notar. El tráfico suspendido irritó a todo tipo de conductores, los que hasta ahora se han acomodado a la situación sin llegar a la violencia; los ciudadanos hemos debido aumentar el recorrido de nuestras caminatas constatando con ello el deplorable estados de alguna de sus veredas; los comerciantes han visto bajar las ventas, organizándose para llevar sus quejas ante un alcalde que en un principio ni si quiera los recibió y este último se ha visto cuestionado dado los supuestos vínculos que mantendría en el nuevo y prometedor negocio de la ciudad, los estacionamientos. No deja de ser paradójico que uno de los motivos que lo llevó a la alcaldía fue precisamente oponerse a la idea del anterior edil de construir  estacionamientos bajo la plaza de armas.

Pero lo cierto es que las ciclovías llegaron para quedarse y habrá que acostumbrarse a ellas y, si así lo decidimos, utilizarlas.

Pero hay algo en esto que molesta, a mi juico, más que los transitorios inconvenientes: instalar vías exclusivas y realizar una inversión de esta magnitud en el centro de la ciudad sin tomar el parecer a los ciudadanos mediante un procedimiento de consulta serio e informado, que no es otra cosa que una manifestación más del ejercicio de la democracia,  termina por teñir una buena idea con un paternalismo al que no nos queda más que acatar igual que infantes. Eso a la larga o a la corta resulta ser un acto autoritario que ojalá para la implementación de la próxima gran obra urbana de San Felipe no volvamos a permitir.

 

 

Italo De Blasis

Abogado.

 

 

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