Lucio Orellana Fuentes; El Adiós a un hombre bueno

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El periodismo a uno lo obliga a ser riguroso y no mostrar sentimientos por una noticia o un personaje, nos enseñan a ser objetivo con los personajes públicos. Sin embargo, en esta ocasión se me hará un poco difícil, ya que es para hablar de mi Tata Lucio, un hombre que se entregó por los demás en todo sentido y jugó un rol social importante, el que lo llevó a ser reconocido como Ciudadano Ilustre, la máxima medalla de una persona no nacida en la ciudad.
Lucio Orellana Fuentes, el que muchos conocieron como Presidente de Unión San Felipe en los años 80, que la historia cuenta que se dedicaba a juntar dinero con sus amigos para pagar los sueldos a los jugadores y, más aun, tener destinado todos los meses una suma para el Club de sus amores, fue en esa generación donde se hizo un hombre muy querido por los sanfelipeños.
Otra cosa que siempre lo destacó fue su liderazgo en el desarrollo de la agricultura en el Valle de Aconcagua, ya sea desde su puesto de brazo derecho del mismísimo David del Curto, quien le encomendó personalmente que se hiciera cargo de la planta de San Felipe, cuando la palabra “exportadora” comenzaba a sonar en una zona que aun estaba atrasada en los procesos que veía el mundo, fue ahí y de la mano de “Don David”, como le decía, que comenzaron a caminar en esta nueva industria que venía a cambiar definitivamente los suelos en el Valle de Aconcagua.
Tras la muerte de David del Curto en un accidente aéreo que conmocionó al país, Orellana es tentado por los Hermanos Giogia, que por esos momentos entraban con fuerza al negocio de la uva y sus exportación principalmente a los Estados Unidos, en ese proceso es que se relacionó con los más grandes empresarios y dirigentes, pero algo que lo caracterizaba era su relación con los trabajadores, para él siempre lo más importante eran las buenas condiciones laborales, ya que decía que las personas no son máquinas, es por eso que es recordado por muchos “temporeros”. Él hizo normal ver al gerente de la empresa darse vueltas por los campos viendo y ocupándose de las cosas que hacían falta para que todos tuvieran dignidad en un trabajo que, en esos tiempos, no tenía muy buenas condiciones.
También le tocó liderar a los Agricultores, fue ahí donde estuvo muchos años de Presidente de la Asociación de Agricultores, donde le tocó vivir procesos complejos, como los importantes cambios que ha ido viviendo nuestra agricultura con los grandes cambios en la industria, desde ahí puso toda su experiencia y trabajo para unir a las antiguas generaciones del campo con los nuevos que ya daban sus primeros pasos y que hoy son quienes manejan la industria. Lucio Orellana era querido por todos en ese mundo, dueños de fundo y el último temporero, recuerdo cuando me contaba que llegaban a pedir adelanto algunos trabajadores y él les decía “ningún problema si es para la casa, pero si es para andar tomando y para fiestas, no”.
Jugó un importante rol en los inicios del Colegio Curimón, donde puso todo de su parte para iniciar un proyecto educacional, experiencia que adquirio en el Centro de Padres del colegio Religiosas Carmelitas, actual Vedruna.
No me puedo olvidar de la labor en la formación y gestión de la corporación de la Transfiguración de la comuna de Rinconada de Silva, donde unos curitas como les decía, muy pobres, se desvivían por la gente y por eso diseñó una corporación para poder ayudarlos y así llegar a más gente, a él no le interesaba figurar, simplemente poder ayudar.
Uno de sus últimos emprendimientos fue ayudar a sus familiares a poner en marcha la llegada de la popular Farmacia Dr. Simi a San Felipe, desde ahí incluso hay una anécdota que siempre contaba, era que una vez él estando en la oficina, un señor quería hablar con el Dr. Simi, aludiéndolo a él.
Así era Lucio Orellana, un hombre oriundo de Valparaiso que, junto a su señora Silvia Abarca y su hija Sandra, se vino a San Felipe desde muy joven y la hizo su tierra, que tras una incansable labor social en su vida fue declarado por la Municipalidad Ciudadano Ilustre, este hombre que más allá de los pergaminos y reconocimientos que llenaban su casa, era un hombre gentil y simple que disfrutaba de su familia, sus amigos y cuanta persona necesitara su ayuda, un hombre que disfrutaba en sus último años viendo partidos de la liga Española, la que descubrió como muchos chilenos con Zamorano en el Real Madrid y siguió el tenis primero con el “Chino” Rios y finalmente con Federer. Un hombre que le gustaba lo sencillo, simplemente un hombre bueno como muchos lo catalogaban.