No estaba muerto… La Columna de Citadini

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Uno quisiera estar hablando de los poemas de Stéphane Mallarmé, pero la contingencia nos obliga. El diálogo es bueno para expresar los distintos puntos de vista sobre un tema.

Con mi amigo actor sosteníamos posiciones diversas con respecto al documental de Chávez. Entonces le hice llegar el video que circulaba en internet donde Alfredo Castro relataba su experiencia en Venezuela. Le pregunté al actor:

          ─¿Entonces tampoco le crees a Alfredo Castro? 

          ─Sí, le creo ─dijo─, lo que me carga es el aprovechamiento político de la extrema derecha.

         La verdad no me había fijado que al final del video aparecía una propaganda política.

         Esto se daba mucho luego del estallido social. Uno preguntaba por un tema, y te respondían con otro. Era como si se estuviera practicando box. Me das un golpe y te devuelvo otro. Por ejemplo, si uno preguntaba qué opinas de los saqueos a supermercados, respondían, es que los empresarios también saquean. No respondían la pregunta, se iban directo a otro tema. Es la cultura del click, si algo me incomoda, hago click y ataco por otro flanco. Finalmente mi amigo actor dijo:

          ─Chile nunca será como Venezuela.

          Yo pensé algo pero no lo dije, me guardaré esa carta para más adelante. A la semana siguiente sostuve una conversación con un compatriota, y un joven venezolano que emigró a nuestro país en busca de mejor vida. El caribeño nos contaba que la primera vez que votó tenía 18 años y votó por Chávez, esperanzado, como la gran mayoría, en un futuro mejor. Pero poco a poco Chávez se volvió ese dictador narcisista que no le importaba más que el culto a su persona, con el tiempo la calidad de vida en el país se fue deteriorando progresivamente. Entonces el chileno dijo la misma frase del actor, “Chile nunca será como Venezuela”. Y ahí me acordé de mi carta bajo la manga, le dije al hermano venezolano:

          ─Apuesto a que ustedes decían que Venezuela nunca sería como Cuba. 

          El hombre entonces puso cara pensativa y luego asintió:

          ─Es verdad, así decíamos, que Venezuela nunca sería como Cuba, y ahora estamos peor que Cuba.    

Podríamos enumerar los distintos grupos e ideas que se expresaron desde octubre en adelante: La gran mayoría, jóvenes por la justicia social; luego estudiantes de media y básica; anarquistas, nihilistas, izquierda dura, delincuentes, barras bravas, narcotraficantes, clase media endeudada; otros muchos con el objetivo fijo de hacer caer a Piñera. Gente ávida de aventuras, en fin: la tormenta perfecta, la energía acumulada en décadas, la monotonía del consumismo, el guasón, las redes sociales, las noticias falsas, los videos truchos; también lo festivo, las danzas, el carnaval, la performance, etc., etc.

De todos los grupos sólo uno tenía intenciones de obtener el poder político: la izquierda dura. No sabemos las conexiones entre los grupos, pero, “a río revuelto ganancia de pescadores”. Digamos que hace más de quince años este sector ha estado instrumentalizando a los estudiantes. Y muchos de los que fueron incentivados a protestar en el pasado, hoy son profesionales y se han encargado de seguir impartiendo “la mala vieja”. Por eso vimos tras el estallido estudiantes de básica, esos niños y niñas que “no saben pa’ dónde va la micro”, no dejaban tomar la micro y el metro a los adultos.

Y qué pasó el 31 de julio de este año, el día de la cuenta pública, en medio de la pandemia: organizaron la protesta pero no pudieron utilizar a los niños y niñas, y qué quedó: delincuencia, molotov, y fuegos artificiales.   

Como dice en el frontis de la BBC, en Londres, “Si la libertad sirve para algo, es el derecho de decirle a la gente lo que no quiere oír”. Ahí trabajó George Orwell, el autor que vio venir los totalitarismos del siglo XX.

Entonces, el comunismo no murió con la caída del muro del Berlín. Incluso a fines de la guerra frío el comunismo tenía fuerza en Europa, de hecho en Alemania se decía, “besser rot als tot”. Hoy por hoy, su propuesta no es positiva, porque ya fracasó en el mundo, parafraseando a Fidel Castro, “el sistema no funcionó”. Su propuesta actual es negativa, la negación del modelo. Y a la izquierda dura le ha ido bastante bien, de hecho llevan el pandero en la oposición. Partidos que tienen escasa representatividad se han fagocitado a la centro izquierda y a la democracia cristiana. Además tienen a un político bien posicionado en las encuestas: así es que, estimados lectores, el comunismo no estaba muerto, ni andaba de parranda.

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