“Despiértame cuando todo haya terminado”, La Columna de Citadini

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“Cuando sea más sabio y más viejo”. Es parte de la letra en español de una canción escrita por el joven sueco Tim Bergling, conocido como Avicci.

Poco antes del comienzo de la pandemia, un niño de no más de dos años, en una concurrida notaría, sentado en una silla, miraba fascinado las imágenes que aparecían en su dispositivo móvil. La dopamina se liberaba en grandes cantidades. Su madre o padre lo había dejado ahí para hacer unos trámites. El infante en ningún momento apartó la vista del dispositivo. Estaba feliz, inmerso en el mundo virtual.

Niños, digamos, de cinco años para arriba, están viendo juegos donde monitos animados cada cierto tiempo ejecutan arbitrariamente actos violentos; agreden o destruyen objetos.

Adolescentes y jóvenes se entretienen participando en juegos de bandas de narcotraficantes, donde existe violencia y prostitución.

En el documental The social dilemma, los ejecutivos de Google, Facebook y Twitter que se retiraron de sus altos puestos en esas compañías nos advierten de los efectos que están provocando las redes sociales y los peligros que están experimentando las democracias: se está exacerbando la violencia, la polarización y la intolerancia, provocando trastornos conductuales y, por lo tanto, un aumento de las consultas médicas, especialmente en niños y adolescentes. En pocos años el mundo ha cambiado significativamente debido a la adicción que producen las redes sociales y los videojuegos.

 Hay unas imágenes reveladoras durante los primeros días del estallido social: un joven fornido, calvo y de barba, echa a una hoguera objetos sacados de una iglesia. El joven grita con la cabeza hacia el cielo: “¡fuego, fuego, paco ctm!” Tan llamativa como esta imagen es la de un grupo de hombres y mujeres, todos jóvenes, que observa la escena. Lo hacen con serenidad, como si estuviesen viendo pasar a un caracol con los cachitos al sol.

Mi teoría es que puesto que muchas personas pasan gran parte de sus vidas navegando en internet, es decir, en un mundo virtual, la línea entre lo virtual y lo real se vuelve demasiado fina y fácil de traspasar. Pero lo real tiene otros códigos difíciles de comprender para quienes pasan demasiado tiempo en lo virtual, esto normalmente produce frustración. Para ellos, la violencia no es un problema, es sólo un ingrediente más de la vida, es más, necesitan ese ingrediente, porque lo han hecho parte suyo. Por eso es que algunos celebran y se sacan fotos cuando queman una iglesia, atacan una comisaría o destruyen un semáforo. Hay un narcisismo infantil en esas acciones, han logrado un objetivo, como si ganaran un premio en un juego. Y si bien la mayoría no ejerce la violencia, se siente cómoda observándola.

Como dice un pensador estadounidense, ahí donde no llega el estado, el espacio es tomado por la delincuencia y el narcotráfico. Las autoridades y los más viejos tenemos el deber de decir a esos jóvenes que el camino de la violencia no lleva a nada bueno, y por supuesto, generar instancias para que puedan encausar sus vidas. 

Creo que es una mala señal que autoridades políticas justifiquen la violencia por la razón que sea; normalmente la justifican por las carencias, las precariedades que sufren muchas personas, (qué tendrían que hacer entonces los venezolanos considerando que millones han debido emigrar y más del 90 por ciento vive en la pobreza). También la justifican con la teoría del empate, cuando dicen que los empresarios también cometen actos de violencia al abusar de sus privilegios. No se puede hacer justicia de acuerdo a las convicciones que provienen de la subjetividad de cada uno, eso es llegar al lejano oeste. 

Si alguien murió en un incendio en la cárcel por vender DVD piratas, o si soltaron a un asesino, o a los que quemaron el metro, o al que incendió una sede universitaria, o si el castigo a los empresarios que trasgredieron las leyes fue poco, todo eso no puede justificar la violencia; lo que ha fallado es el sistema judicial. Y las leyes las hacen los mismos políticos.

 “Paz, música y amor” suenan fuera de contexto hoy. El Joven Avicci decidió terminar con su vida, su familia dijo que “quería buscar la paz”.