¿Qué es arte? ¿Qué es poesía? La Columna de Citadini

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Marcel Duchamp se preguntaba en 1913, ¿se pueden hacer obras que no sean de arte?

Más adelante junto a sus amigos artistas en Nueva York dirían: “Toda obra humana es arte”. Sus ready-made y su urinario entraban lentamente en mundo del arte moderno. Al final de sus días Andy Wahrhol diría algo similar: “el arte está en todo lo que nos rodea, la propia sociedad es arte en sí misma”. 

No todos estarán de acuerdo con estas definiciones. La cantante lírica Sylvia Sass entrevistada recientemente por Juan Antonio Muñoz para Artes y Letras del Mercurio, y en relación a la idea de que hoy en el arte y la música “todo vale” si lleva la etiqueta de la contemporaneidad, comenta la anécdota de 2011 ocurrida en la Tate Britain de Londres. En una de sus salas exhibían una obra de arte del artista alemán Gustav Metzger; consistía en una gran bolsa de basura llena de cartones y papeles usados. A la maña siguiente llegó la señora del la limpieza, la agarró y la tiró a la basura.

En poesía tenemos el caso del Tila, el psicópata, asesino y violador de la Dehesa. Le gustó escribir desde adolescente y seguro tuvo acceso a libros infantiles, fábulas y escritos religiosos. Hay un poema que imita la estructura de la oración de San Francisco pero en sentido opuesto. No le pide a Dios que lo haga mejor, sino que le endosa sus desgracias: “Pedí un horizonte y mandó una celda”. Al ver sus escritos es evidente encontrar una sensibilidad poética: “Siniestras se veían las nubes amenazantes de agua y tristeza”. En su prosa, no obstante se revela el ser abyecto que llevaba dentro: Cuando muera espero que nadie me llore y ojalá todos se sientan aliviados del bastardo que fui incluso contigo. Mi escudo y consuelo es saber que es como en la fábula de la ranita y el escorpión, o sea, cuestión de carácter”. A la mujer que violó en el centro de Santiago la hizo mirar en un espejo mientras la ultrajaba, luego le dijo, “como en la película”. El Tila nunca recibió sentencia, los abogados y los medios pasaron a primer plano. Finalmente se quitó la vida con el cable de una máquina de escribir electrónica que el juez le había regalado. ¿No es una performance espectacular para sus últimos minutos de fama?

Y el arte —considerado en la amplitud antes expuesta— en el último tiempo en nuestro país ha tenido una suerte de explosión. Tal vez el mismo estallido sea una obra de arte. En algunas paredes se lee, “la (r)evolución es poesía”. En un lugar donde se juntan los artistas callejeros cuelga un lienzo que dice: “El arte es un arma cargada de revolución”. Lo que cuenta en estos casos es la máxima, el concepto, el eslogan, no la obra de arte misma. La performance se toma los ambientes: Pamela Jiles con la capucha de canario paseándose en el congreso es una obra de arte.

También hemos tenido narradoras que usan metáforas singulares. Y en este caso mentes brillantes las apoyan, Goethe dice: “Todas las cosas en este mundo son una metáfora”. Esto lo leí en un libro de Murakami; no hay más explicaciones de la máxima en el libro. Es una afirmación vaga. Claro todas las cosas puede ser una metáfora, pero de qué. Una rosa puede ser la metáfora de una mujer y viceversa. Mientras no sepamos las dos partes de la metáfora no sabremos que representa la metáfora. Entonces llegué a la conclusión que las narradoras habían descubierto un nuevo tipo de metáfora, la metáfora invertida. Es decir, cuando dicen que los niños y niñas tienen que saltarse todos los torniquetes, no quiere decir que tengan que saltarse todas las normas. Lo que quiere decir es que, los niños y niñas deben estudiar y ser respetuosos para que no anden dando la hora y sean presa de la delincuencia y el narcotráfico. Cuando una narradora dice, “cómo quieren que no lo quememos todo”, usted no debe imaginarse todo ardiendo incluyendo los millones de pesos que gana y que provienen del trabajo de los que no quieren quemar nada. No, lo que ella quiso decir es, “no le hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”. Y esto debe ser entendido hasta por niños de básica.

Llegamos al artista callejero de Panguipulli; si bien la escena es perfectamente compatible con el pop art de Wahrhol, con las imágenes crudas que él retrataba; y de hecho, con los parámetros antes mencionados, es una obra de arte singular, impactante, que dio la vuelta al mundo; quiero, no obstante, dejar a un lado el arte en este momento y analizar los hechos de una manera lo más objetiva posible, sabiendo que el intento es bastante difícil. Lo que tenemos claro legalmente es que no se puede amenazar a un policía, a nadie en realidad, y no se puede portar objetos corto-punzantes. 

Ya que la pandemia nos ha puesto, a la fuerza, en el mundo global, podemos suponer lo que habría pasado en otros países frente a la misma escena. En México y en Colombia, el policía podría haber muerto por el uso de armas más letales. En Estados Unidos y en Canadá el artista hubiese sido abatido luego de la primera amenaza de su parte. Y les dejo a la imaginación qué hubiese sucedido en Rusia o en China.

Algunos aún creen que el estallido fue algo espontáneo. Pero si recuerdan bien desde los primeros días tras el 18 O, hasta en los pueblos más caprinos se leía en las paredes de sus calles ACAB y otros insultos. Debilitar a la fuerza policial ha sido una intención sistemática de parte de un sector, apoyado incluso por algunos medios de comunicación. Se necesitan cambios, por cierto, pero vamos piano piano. Por una parte no permiten a los carabineros defender su integridad, y por otra parte quieren que nos defiendan cuando la turba hace sus maldades, ¿no es esto medio kafkiano?

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