Columna de opinión: Cambios políticos y amplia unidad para cumplir los anhelos del pueblo

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Daniel Zamorano

Ya finalizado el periodo eleccionario con las recientes votaciones de gobernadores/as regionales, es pertinente realizar un análisis de este proceso y sacar lecciones para lograr que la política vuelva a ser el reflejo de las necesidades de la gente y nunca más una herramienta de administración de un modelo, en este caso el neoliberal, que permitió años de privilegios, abusos y democracia tutelada.

En efecto estas elecciones marcaron el fin de un ciclo político que partió hace años con la imposición violenta durante la dictadura cívico militar del neoliberalismo por parte de la derecha y que continuó con su administración y maquillaje, humanización dicen algunos, durante los gobiernos de la concertación. Esta finalización la produjo el pueblo, que ya cansado de tanta injusticia, empezó con los cambios en el estallido social y los culminó poniendo la lápida a los sectores conservadores y neoliberales en las pasadas elecciones propinando una derrota histórica a la derecha y un retroceso importante a la socialdemocracia y el humanismo cristiano, todos quienes, mantuvieron a flote este modelo en base a la política de los acuerdos entre la élite y no con la gente.

El gran ganador de estas elecciones son las mujeres, los jóvenes, los independientes y la izquierda quienes avanzaron enormemente en su representación en la Convención Constitucional, las Alcaldías, Consejos Municipales y en el caso de nuestra región la Gobernación Regional. Este nuevo escenario, sin embargo, genera un desafío importante para este nuevo bloque político que deberá buscar la más amplia unidad político y social que permita sostener los cambios que Chile necesita. El avanzar de estar en contra de un modelo a proponer uno nuevo siempre es difícil y, si bien no hay recetas, siempre el crear ideas y propuestas desde y para la gente, sin exclusiones, prejuicios ni intereses particulares es la mejor alternativa para concitar el apoyo mayoritario de la ciudadanía.

Lo anterior genera un particular reto para las fuerzas de izquierda, progresistas y transformadoras en la provincia de Los Andes dado que históricamente ha sido difícil la unidad de este bloque, lo que ha permitido la mantención de la derecha en diversos espacios de poder. Es importante, relevar, sin embargo, que la ciudadanía exige que la unidad sea para lograr cambiar las cosas, no para el mero administrar, cobrar u ofrecer favores políticos, ni repartir el poder en los mismos de siempre: se puede y se deben buscar nuevos liderazgos o formas de liderar, pero, por sobre todo, nuevas ideas.

Lo que necesita la provincia es un sector que avance en proteger el medioambiente y el patrimonio material e inmaterial del valle, que luche por el agua como un derecho, que traiga infraestructura e inversión sustentable a la zona, recuperando por ejemplo el tren y potenciado la ciencia e investigación para la minería, la agricultura y el transporte de cargas, entre otros, buscando disminuir con esto el desempleo en base a equidad territorial y más oportunidades y no en base a la sobre explotación. Se necesita una izquierda que resuelva problemas sentidos de la población, como por ejemplo la delincuencia, la inseguridad y el narcotráfico, creando siempre más derechos y una mejor convivencia democrática dado el rotundo fracaso de la represión y la militarización.

Es de esperar que el golpe de timón que ha realizado el pueblo le signifique un futuro mejor y sea una clara guía de cómo hay que hacer la política, siempre de cara a la gente, nunca más con pactos ni acuerdos de gobernabilidad a sus espaldas. La posibilidad de una mejor provincia de Los Andes para todos, todas y todes sus habitantes está abierta, el pueblo ya no aceptará más decepciones, es el momento de que los actores políticos y sociales que de verdad queremos cambiar las cosas nos unamos y construyamos un mejor mañana para todos los habitantes de este hermoso valle.

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