Opinión: Esa gran mayoría a la que nada la mueve por Felipe Rodríguez Gómez

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Llevo años mirando el comportamiento electoral y como, quienes votan, se van moviendo de un sector a otro en los diversos procesos electorales. Si bien, no tengo tantos años, desde pequeño estuve inmerso en campañas y por ende, comprendo desde casi mi nacimiento, las lógicas de la política y como se comporta.

Tras el estallido social,  ocurrió un fenómeno que no es nuevo y que este hecho solo lo catapultó, pero que ya se veía observando en las últimas elecciones. Yo me atrevo a decir, que la última vez que existió mística, es decir que las masas creyeron en un proyecto fue Bachelet 1. Me tocó vivirlo muy de cerca, por lo que me fue natural estar en la Alameda viendo como las personas, principalmente las mujeres, creyeron genuinamente en algo y se hicieron participes.

Después de ello, lo que vino ya todos los conocemos; el Gobierno de Piñera 1, Bachelet 2 y Piñera 2. El inicio de una crisis y de un descontento que se fue guardando en las casas de los chilenos y no porque fueran malos gobiernos, ambos tuvieron a nivel macro cifras interesantes en diversas áreas y sectores, los cuales podrían sacar buena nota en cualquier foro internacional, sin embargo nadie o pocos miraron la creciente abstención o  más bien, el desinterés de los ciudadanos de nuestro país en el devenir de la política. Tras eso y con una falta de empatía importante, siguió  la inscripción automática y voto voluntario, apuntando que ahora sí habría un incentivo a los partidos políticos para seducir a este “pueblo dormido” que no decía nada, pero se iba guardando un malestar.

A partir de esto, las elites políticas encontraron un buen negocio. Este era, el ganar elecciones con los mismos de siempre, que prácticamente ya se conocía el domicilio de cada uno, por ende, se les debía hablar solo a ellos. Con este escenario, se olvidaron del resto, de esos que estaban dormidos y que algo les molestaba, cada vez más. Lo peor de todo, es que no era el cambio de modelo político económico, el cual disfrutaban creciendo como país y elevando los niveles de consumo, la cosa no iba por ahí.

Así, llegamos a un “Cambio de constitución” tras un acuerdo a medianoche y un plebiscito que si bien se tildó como exitoso, dejó a la mitad de los chilenos aún desinteresados. Sin embargo, el positivismo inundó a muchos pensando, que al menos la gente, el pueblo, los chilenos o cualquier nombre que se quiera poner, se habían motivado. Sin embargo, el balde de agua fría, fue al elegir a quienes tenían que redactar lo que se supone queríamos todos los chilenos,  volvió la apatía.

¿Qué nos ocurre? ¿Qué pasa que nada nos motiva? Muchas teorías rondan, desde el alejamiento de la clase política de los territorios, hasta un diagnostico errado de las verdaderas demandas de las personas, en su día a día y eso ,al parecer, las encuestas aun no lo logran dilucidar.En fin, los más optimistas señalan que con este viento de “independientes” se traerá frescura a la hora de colocar en la discusión los verdaderos temas que le interesan a esa mayoría dormida. De no ser así, sólo nos enfrentaremos a la misma discusión de siempre; donde compite cada grupo por hacer más feliz a sus “fans”…

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