Proyecto de “Admisión Justa” y educar en base a la discriminación.

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Hace algunos días el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y la Ministra de Educación, Marcela Cubillos, presentaron el Proyecto de Ley “Admisión Justa”, el que plantea reponer la Selección en algunos Establecimientos educacionales, apelando al reconocimiento del “mérito” y al resguardo de la “excelencia” de las instituciones. En palabras de la Ministra, se pretende “empezar a hacer justicia y reconocer el esfuerzo y el mérito que hay detrás de cada una de esas familias. No reconocerlo es una injusticia y una muy mala señal para la educación en Chile”.

En una primera lectura, y esperando ingenuamente buenas intenciones de la derecha, “el reconocimiento al mérito” no suena tan mal, la valoración del esfuerzo no tendría por qué ser negativa per sé; no obstante, son todos los factores asociados a nuestra realidad, los que demuestran que este proyecto sólo busca perpetuar la lógica neoliberal de la competencia y la discriminación.

Si un establecimiento educacional necesita escoger con pinzas a sus estudiantes para ser de excelencia, simplemente no es de excelencia. El desafío que tenemos como educadores y educadoras es trabajar con jóvenes con distintos talentos, valorando sus particularidades y brindando una educación de calidad para todos y todas.

La educación no es un premio, es un derecho que debe ser garantizado por el Estado. Naturalizar que existan Colegios que eligen a sus estudiantes es avalar que en Chile hay alumnas y alumnos de primera y segunda categoría. Sobre todo, tomando en cuenta que los criterios de selección se basan en pruebas estandarizadas, invisibilizando que la inteligencia es un fenómeno multiforme.

Formar parte de un establecimiento educacional es algo mucho más profundo que lo que se limita a lo estrictamente académico, genera las herramientas para socializar y construir comunidad, la diversidad es un componente esencial en el desarrollo de cada uno, nos permite aprender de nuestros pares y valorar las diferencias. Este proyecto busca perpetuar la existencia de colegios sectas, en los que los privilegios y la elitización posicionan en las y los jóvenes la noción de superioridad sobre el resto.

Es inconcebible hablar de “méritos y esfuerzo” en un país tan desigual como Chile; donde el contexto social, económico y cultural de cada estudiante repercute en los resultados obtenidos. Un/a alumno/a que ha sido vulnerado sistemáticamente en todos sus derechos, que se desarrollado en un entorno de violencia, drogadicción y tantos problemas asociados, ¿no se ha esforzado lo suficiente y por eso no merece estar en un colegio de “excelencia”? El Gobierno quiere replicar el modelo discriminatorio en la educación porque saben que la desigualdad es la base del sistema que les ha permitido acaparar el poder político y económico. Parece una burla que hoy hagan gárgaras hablando de meritocracia y esfuerzo los mismos que contrataron millonariamente a una joven recién egresada por ser hija de un amigo del presidente.

A horas de que Sebastián Piñera haya defendido el proyecto, argumentando que da “más libertad para los que están en la industria de la educación” – reafirmando su entendimiento mercantil de esta-, se hace urgente movilizarnos por la defensa de nuestros derechos. Que las conquistas y avances sociales no se vean amenazados por la arremetida de la derecha neoliberal y conservadora.

 

 

Mauro Mura Pineda.

Profesor de Castellano y Escritor.